
Beneficios de usar una infografía con los estudiantes
Beneficios reales de usar infografías con estudiantes: evidencia verificada, los 5 beneficios y cómo usarlas bien en el aula.

Miguel Euraque
Tienes un tema difícil que explicar, el ciclo del agua, una línea de tiempo histórica, las partes de una carta, un proceso de varios pasos, y sabes por experiencia que tus estudiantes se pierden con las explicaciones largas. La infografía promete resolverlo: una hoja que combina dibujos, números y textos ordenados para que el tema se entienda de un vistazo.
Este artículo, publicado en 2014, te invitaba a leer una infografía llamada “Los súper poderes de la infografía”, que prometía convencerte con tres datos impactantes. Hoy te debo una actualización honesta, porque esos tres datos no sobrevivieron a la verificación.
Sí: las infografías benefician el aprendizaje; la evidencia educativa es sólida, pero los tres datos famosos de la infografía de 2014 son falsos: no es cierto que percibamos el 90 % de la información visualmente, ni que el cerebro procese las imágenes 60.000 veces más rápido que el texto, ni que el 65 % de la población sea “aprendiz visual”. Lo que sí demuestra la investigación es que las personas recuerdan mejor las imágenes que las palabras y que aprender con palabras e imágenes juntas supera a aprender solo con palabras. Esa es la base real de los cinco beneficios que verás aquí.
Tabla de contenidos
- La infografía de 2014 y la lección que nos dejó
- Lo que la ciencia sí dice sobre las imágenes en el aprendizaje
- Los cinco beneficios reales de usar infografías
- Cómo usarlas bien: el diseño marca la diferencia
- Actividades con infografías en tu clase
- Cómo crearla con tus estudiantes, sin ser diseñador
- Si eres líder: la infografía en el grupo de jóvenes
- En resumen: lo que ganas con una infografía
La infografía de 2014 y la lección que nos dejó
Antes de los beneficios, la transparencia completa, porque este artículo corrige su propia historia. La infografía original era un ejemplo perfecto de algo que debes enseñar a tus estudiantes: el contenido visual puede ser atractivo y a la vez contener datos falsos.
La historia de “Los súper poderes de la infografía”
En 2014, “Los súper poderes de la infografía” circulaba como material de referencia para justificar el uso de imágenes en la enseñanza. Sus creadores la presentaban como una demostración de los beneficios de comunicar visualmente, y los números que citaba sonaban impresionantes: que el 90 % de la información que percibimos es visual, que el cerebro procesa los contenidos visuales 60.000 veces más rápido que el texto, y que el 65 % de la población aprende de forma visual.
Estos datos se repitieron durante años en presentaciones, blogs y materiales de capacitación docente. Se citaban unos a otros, y eso les daba una apariencia de verdad. El problema: ninguno tiene una fuente científica verificable. Esta es la lección más valiosa que la infografía nos dejó, aunque no fuera la que pretendía enseñar.
Los tres datos famosos que no sobrevivieron a la verificación
La desmentida de cada uno es pública y rastreable, y te sirve como ejemplo para trabajar con tus estudiantes el pensamiento crítico:
“El 90 % de la información que percibimos es visual.” Falso. La cifra proviene de materiales de marketing de una empresa, que la atribuían a un estudio nunca publicado. No existe investigación revisada por pares que respalde ese número. Además, no percibimos “el 90 %” de nada: la visión es importante, pero el oído, el tacto y el contexto también cargan información.
“El cerebro procesa las imágenes 60.000 veces más rápido que el texto.” Falso. Es quizá el dato más repetido del diseño de presentaciones, aparece en miles de artículos, y varios verificadores han rastreado su origen sin encontrar ninguna fuente científica: no existe tal estudio. Las estimaciones serias sobre la velocidad de procesamiento visual son mucho más modestas. Cuando un dato suena tan redondo, conviene sospechar.
“El 65 % de la población es aprendiz visual.” Sin sustento. Esta cifra viene de la teoría de los “estilos de aprendizaje” (visual, auditivo, kinestésico), que la investigación educativa moderna clasifica como un neuromito: los estudios de referencia concluyen que adaptar la enseñanza al estilo que la persona dice preferir no mejora sus resultados de aprendizaje. Las personas pueden preferir imágenes, pero eso no significa que solo aprendan con imágenes.
La moraleja es doble: las infografías funcionan, y por eso mismo hay que verificar lo que dicen. Eso es exactamente lo que enseñarás cuando pidas a tus estudiantes que comprueben los datos de la próxima infografía que encuentren en internet.
Lo que la ciencia sí dice sobre las imágenes en el aprendizaje
Si los datos famosos eran falsos, ¿queda algo? Sí, y es más sólido de lo que la infografía prometía. La investigación educativa lleva décadas estudiando este tema, y sus hallazgos son consistentes.
El efecto de superioridad de la imagen
Uno de los hallazgos más replicados en la investigación de la memoria es el efecto de superioridad de la imagen: las personas recuerdan mucho mejor una imagen que las palabras equivalentes. No es una opinión ni una moda pedagógica; es un resultado que se reproduce en experimentos una y otra vez. Si muestras a dos grupos el mismo contenido, uno como texto y otro como imagen, el grupo de la imagen lo recuerda más.
La explicación clásica es que las imágenes se guardan de dos maneras a la vez, como código visual y como etiqueta verbal, lo que duplica las vías para recuperarlas. La explicación exacta sigue en debate, pero el fenómeno no: imagen > palabra en memoria. Por eso una infografía bien hecha es más recordable que la misma información en un párrafo.
Palabras e imágenes juntas: la evidencia del aula
El segundo hallazgo es el más útil para ti como docente: las personas aprenden mejor cuando la información llega en palabras e imágenes combinadas que cuando llega solo en palabras. Esta es la conclusión de décadas de investigación sobre aprendizaje multimedia, y es una de las más robustas de la ciencia del aprendizaje.
Más aún: las revisiones de estudios en ciencias, que suman decenas de investigaciones con miles de estudiantes, encuentran que añadir ilustraciones a los textos mejora el rendimiento académico, con un efecto pequeño pero consistente. La clave está en el “cómo”: las ilustraciones que explican, organizan y complementan el texto ayudan; las que solo decoran no aportan aprendizaje.
Y un matiz importante: el mismo principio dice que más no siempre es mejor. Diseños recargados, animaciones innecesarias o adornos que distraen pueden perjudicar el aprendizaje, porque la memoria de trabajo se satura. La infografía ayuda cuando ordena; estorba cuando abruma.
Los cinco beneficios reales de usar infografías
Los cinco beneficios que la versión de 2014 enumeraba siguen siendo válidos, y ahora sabes por qué. Aquí están, con su sustento y su aplicación concreta:
Facilita la comprensión de conceptos complejos. Una infografía convierte un proceso de varios pasos o una comparación de varios elementos en un recorrido visual ordenado. El estudiante no tiene que sostener toda la información en su cabeza: la ve organizada frente a sus ojos. Ideal para líneas de tiempo, ciclos, clasificaciones y diagramas.
Fomenta el pensamiento crítico. Analizar una infografía obliga a preguntarse qué dice, cómo lo dice y, crucial, si los datos son ciertos. La infografía de 2014 es tu mejor ejemplo de clase: un material atractivo que contenía información falsa. Enseñar a verificar es enseñar a pensar.
Mejora la retención de la información. Gracias al efecto de superioridad de la imagen, el contenido presentado visualmente se recuerda más y por más tiempo. El estudiante que estudia de una infografía retiene la estructura del tema incluso cuando olvida los detalles.
Facilita la presentación de informes y trabajos. Crear una infografía obliga a sintetizar: elegir lo esencial, ordenarlo y comunicarlo con claridad. Es la misma habilidad de un buen resumen, llevada a un formato que además se presenta bien ante la clase.
Promueve el trabajo en equipo. Una infografía se hace en conjunto: unos investigan, otros diseñan, otros revisan datos, otros presentan. Cada uno aporta desde su fortaleza, y el resultado final es del grupo, no de uno.
Cómo usarlas bien: el diseño marca la diferencia
Una infografía no es magia: es buena comunicación. Estas son las reglas de diseño basadas en evidencia que separan una infografía que enseña de una que distrae:
Una idea central por infografía. Cada hoja responde una sola pregunta. Si necesitas dos preguntas, haz dos infografías. La claridad nace de la restricción.
Menos texto, más estructura. Las frases largas y los párrafos matan la infografía. Usa etiquetas cortas, números grandes y flechas que muestren el recorrido de la lectura. Si la infografía necesita un párrafo para entenderse, no es una infografía.
Jerarquía visual clara. Lo más importante va arriba y en grande; lo secundario, abajo y más pequeño. El ojo debe saber por dónde empezar y por dónde seguir sin instrucciones.
Cero decoración que no enseñe. Cada color, icono y adorno debe cumplir una función explicativa. Lo que solo “se ve bonito” compite por la atención del estudiante con lo que debe aprender.
Fuentes verificables en los datos. Si tu infografía incluye cifras, deben tener origen comprobable. Este es el hábito que quieres contagiar: la imagen comunica, pero la verdad la sostienen los datos.
Actividades con infografías en tu clase
Lo mejor de las infografías es que sirven tanto para enseñar como para que los estudiantes demuestren lo aprendido. Cuatro actividades probadas:
Analizar una infografía. Entrégales una infografía, de tu asignatura o de internet, y pídeles responder tres preguntas: ¿qué quiere comunicar?, ¿cómo lo comunica (colores, jerarquía, iconos)? y ¿sus datos son verdaderos? Esta última pregunta convierte la actividad en una lección de verificación de fuentes.
Crearla en equipo. Después de un tema, cada equipo resume lo esencial en una infografía con Canva o Piktochart. Presentan su hoja y la clase evalúa cuál comunica mejor y por qué. Trabajas síntesis, colaboración y diseño a la vez.
Corregir una mala infografía. Muéstrales una infografía confusa, con datos falsos, texto en exceso o jerarquía caótica, y pídeles rehacerla bien. Aprender a detectar el mal diseño es aprender a hacer buen diseño.
Resumir el tema en una hoja. Como tarea de repaso, cada estudiante condensa el capítulo en una infografía. El que puede resumir visualmente entendió.
Cómo crearla con tus estudiantes, sin ser diseñador
La barrera del diseño desapareció hace años. Herramientas gratuitas y sencillas permiten crear infografías profesionales en minutos:
Canva tiene decenas de plantillas de infografía listas para reemplazar textos y colores. Es la opción más popular por su facilidad y su versión gratuita generosa.
Piktochart nació específicamente para infografías: plantillas pensadas para datos, gráficos y diagramas, con plan gratuito funcional.
Adobe Express ofrece plantillas de infografía con la calidad de diseño de Adobe, también con versión gratuita.
El flujo con tus estudiantes: eligen la plantilla, reemplazan el contenido con la información del tema (sintetizada primero en papel), cuidan la jerarquía y exportan como imagen o PDF para presentarla. En una sesión de 45 minutos, un equipo entrega su primera infografía.
Si eres líder: la infografía en el grupo de jóvenes
En el ministerio, las infografías son oro: un versículo con su contexto en una imagen, el recorrido de una serie de enseñanzas, el calendario de actividades, la explicación visual de un concepto bíblico (la justificación, la gracia, el discipulado). Los jóvenes viven en imágenes; la infografía habla su idioma sin rebajar el mensaje.
Y aquí aplica la misma lección con doble fuerza: antes de compartir una infografía cristiana que circula en redes, verifica sus datos. Muchas imágenes devocionales citan versículos fuera de contexto o repiten cifras sin fuente, como la infografía de 2014. Enseñar a los jóvenes a comprobar lo que comparten es formar discípulos que aman la verdad, una verdad que, como dijo Jesús en Juan 8:32, en el contexto de su enseñanza sobre el discipulado, hace libres.
En resumen: lo que ganas con una infografía
La infografía de 2014 tenía un título más profético de lo que parecía: sus “súper poderes” existen, pero no son los que sus números famosos decían. La investigación educativa real es más modesta y más sólida: las imágenes se recuerdan mejor, las palabras con imágenes enseñan mejor, y el buen diseño ordena el pensamiento. Con esa base, los cinco beneficios que este artículo siempre defendió siguen en pie, ahora con evidencia que los sostiene.
El paso concreto de esta semana: elige un tema de tu próxima clase y preséntalo con una infografía, o mejor, pide a tus estudiantes que analicen una infografía y verifiquen sus datos. Esa segunda opción enseña el contenido y la honestidad a la vez.
Y cuéntame en los comentarios: ¿usas infografías en tus clases? ¿Qué tema te gustaría convertir en una?
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