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de quién es tu tiempo, devocional

¿De quién es tu tiempo? reflexión sobre la mayordomía

Reflexión devocional sobre el tiempo como regalo de Dios, la brevedad de nuestros días y la mayordomía de las horas que se nos confían.

Miguel Euraque

Miguel Euraque

18/11/2008
7 min

Llega el domingo por la noche y no puedes evitar la sensación: la semana pasó, pero no sabes muy bien en qué se fue. Hubo reuniones, mensajes, pendientes, traslados, pantallas, conversaciones a medias. Todo parecía urgente en su momento. Y sin embargo, cuando haces el recuento, queda la pregunta incómoda: ¿a quién le entregué esta semana?

Es una pregunta que vale la pena hacerse con honestidad, porque el tiempo es el recurso más democrático que existe: todos recibimos la misma cantidad cada día, y nadie puede comprar ni un minuto más. La diferencia entre una vida que se deshace en ocupaciones y una vida que deja huella no está en cuántas horas tienes, sino en a quién le entregas las que tienes.

Tu tiempo le pertenece a Dios, no porque él lo reclame con exigencia, sino porque él te lo dio. Eres administrador, no dueño, de tus horas. Cuando lo entiendes, dejas de preguntarte «cómo me alcanza el tiempo» y empiezas a preguntarte «a quién se lo estoy dando», y esa pregunta cambia todo.

Tabla de contenidos

El tiempo: el regalo que más ignoramos

Nadie discute que el tiempo sea valioso; todos lo decimos. Pero pocos viven como si lo fuera. Damos por sentado el día de hoy como si tuviéramos asegurado el de mañana, y tratamos el tiempo como un recurso infinito cuando es lo más finito que poseemos.

La Escritura lo dice con una claridad que desarma. El predicador de Eclesiastés escribió:

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. — Eclesiastés 3:1

Este versículo suele leerse como una poesía sobre las estaciones de la vida, y lo es. Pero también encierra una verdad más humilde: el tiempo no está bajo tu control. Las estaciones vienen y van según el designio de Dios, no según tu agenda. Tú no diriges el reloj; lo recibes.

Por eso la actitud del sabio no es intentar dominar el tiempo, sino administrarlo: saber qué tiempo es este, qué se siembra en esta estación y qué se cosecha. El que vive así deja de ser un pasajero arrastrado por las horas y se convierte en un administrador consciente de lo que se le confió.

Aprende a contar tus días

Hay una oración en los Salmos que resume mejor que ninguna otra la sabiduría del tiempo. La escribió Moisés, un hombre que vivió más de un siglo y que, sin embargo, supo que sus días eran un préstamo breve:

Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría. — Salmo 90:12

Fíjate en la petición: no es «enséñanos a tener más días», sino «enséñanos a contar nuestros días». Contar algo es saber cuánto hay y administrar en consecuencia. Quien cuenta sus días deja de tratarlos como si fueran interminables y empieza a tratarlos como lo que son: una provisión limitada que se entrega con propósito.

Contar los días no es una invitación a la angustia, sino a la sabiduría. El salmo 90 lo dice así: cuando recordamos la brevedad de la vida, traemos al corazón sabiduría. No nos volvemos miedosos; nos volvemos intencionales. Empezamos a elegir con criterio, a decir no a lo que nos roba, a invertir en lo que permanece.

¿Qué cambiaría en tu semana si hoy supieras con certeza que tus días están contados? Esa no es una pregunta para asustarte; es una pregunta para despertarte.

¿En qué gastamos el tiempo?

Decimos que no tenemos tiempo, pero la verdad suele ser más incómoda: tenemos tiempo, y lo gastamos. Las distracciones no nos asaltan; las invitamos. El teléfono que revisamos sin necesidad, las horas de pantalla que no recordamos, la ocupación que a veces usamos como excusa para no detenernos, todo eso es tiempo entregado, aunque no sepamos a quién.

Jesús habló de esto cuando enseñó sobre las prioridades. En el Sermón del Monte, después de decirles a sus oyentes que no se afanaran por la comida y el vestido, cerró con esta instrucción:

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. — Mateo 6:33

«Primeramente» es una palabra de orden: habla de lo primero, no de lo único. No se trata de abandonar tus responsabilidades, sino de ordenarlas. Y hay una prueba sencilla para saber cuál es tu «primeramente»: mira tu agenda, no tu boca. Tu tiempo revela tu tesoro. Lo que ocupa tus horas primero, el reino de Dios o el reino de tus preocupaciones, es lo que realmente adoras.

La promesa del versículo no es una vida sin necesidades, sino una vida sin afán: cuando buscas primero su reino, las demás cosas encuentran su lugar. El tiempo empieza a ordenarse solo cuando el corazón está ordenado.

Aprovechar bien el tiempo

Si el tiempo es un regalo que se administra, entonces hay una forma de usarlo bien y una forma de desperdiciarlo. Pablo lo expresó con una imagen que no ha perdido fuerza:

Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. — Efesios 5:15-16

«Los días son malos» no significa que todo sea malo; significa que los días están llenos de distracciones, presiones y oportunidades que se esfuman. En ese terreno, caminar con diligencia, con intención y atención, es la diferencia entre el sabio y el necio.

Aprovechar bien el tiempo no es llenar cada minuto con más actividad; a veces la sabiduría es todo lo contrario. Es dejar márgenes para lo que no se puede medir: el descanso que restaura, la conversación que edifica, la oración que no tiene agenda, la presencia que no produce resultados inmediatos. El tiempo bien administrado incluye el silencio, y el necio lo teme porque en el silencio se ve a sí mismo.

El sabio sabe que hay tiempo para trabajar y tiempo para descansar, tiempo para hablar y tiempo para callar, tiempo para servir y tiempo para estar. Y confía el ritmo de todo ello al Señor de los tiempos.

Si eres líder: tu tiempo es mayordomía

Como líder de jóvenes, pastor o maestro, tu relación con el tiempo no es un asunto privado: es formación. Tu calendario es una confesión que tus jóvenes leen todas las semanas, aunque no lo sepan.

  • Tu agenda enseña más que tus sermones. Si predicas que Dios es primero pero tu semana no tiene espacio para él, el mensaje se contradice. Los jóvenes aprenden prioridades viendo las tuyas.
  • Administra tu tiempo como quien rinde cuentas. El tiempo que Dios te confía no es solo para ti: es para tu familia, tu equipo, tus jóvenes, tu propio crecimiento. Pregúntate periódicamente: ¿a quién le estoy entregando mis horas?
  • Enseña a tus jóvenes a contar sus días. Ayúdalos a ver que la adolescencia y la juventud son una estación con propósito, no un ensayo. Enséñales a elegir, a decir no, a invertir en lo que permanece.
  • Incluye el descanso en tu mayordomía. Un líder agotado no honra a Dios con su ritmo; lo honra quien descansa porque sabe que la obra no depende de él. Descansar también es administrar.

La mayordomía del tiempo es una de las lecciones más prácticas del discipulado: le enseña a una generación que la vida no se mide por cuánto llenamos, sino por a quién entregamos cada día.

En conclusión: de quién es tu tiempo

¿De quién es tu tiempo? La respuesta no es una frase bonita para repetir: es una decisión que se toma cada mañana. Tu tiempo le pertenece a Dios porque él te lo dio, y tú lo administras, contando tus días, ordenando tus prioridades, dejando lugar para el descanso y entregando tus horas con propósito. Cuando vives así, la semana deja de ser una carrera contra el reloj y se convierte en una ofrenda.

El siguiente paso es concreto: esta noche haz el recuento de tu día, agenda, pantalla, conversaciones, y pregúntate con honestidad a quién se lo entregaste. Mañana, antes de abrir tu agenda, entrega el día a Dios con una oración breve: «Señor, este tiempo es tuyo, enséñame a administrarlo». Repítelo durante una semana y observa qué cambia.

Y cuéntame: ¿cómo administras tu tiempo? ¿Qué te ayuda a mantener tus prioridades en orden? Comparte tu experiencia en los comentarios.

Temas:#tiempo#devocional#mayordomia#prioridades#discipulado

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