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estudio bíblico sobre el apóstol Pablo

El apóstol Pablo: el caminar de un siervo de Dios

Estudio bíblico sobre el apóstol Pablo: origen, formación, conversión y ministerio. Colaboración de Rita Vigil.

Miguel Euraque

Miguel Euraque

19/09/2008
5 min

Mi querida madre Rita Vigil me ha dado la oportunidad de compartir este estudio que ella preparó sobre el apóstol Pablo. Espero que el mismo pueda resultar de bendición para su vida y ministerio.

Tabla de contenidos

Origen y formación de Pablo

Pablo, en griego Paulos, en latín «pequeño»; llamado también Saulo, nació en la ciudad romana de Tarso, capital de Cilicia (Hechos 22:3). Pablo fue producto de la civilización grecorromana y del judaísmo de sus padres. El hecho de que sus padres fueran ciudadanos de Tarso indica que residió allí.

En Pablo se manifestaban la universalidad y el amor a la verdad y a la investigación, cualidades del griego. Su gran orgullo era proceder de una ciudad grande y culta, y también poseer la ciudadanía romana (Hch. 16:37; 21:39; 22:25).

Pablo desempeñó el papel de un caballero romano por su postura ante gobernadores y reyes, y por el respeto que estos le mostraron. Es posible que las instituciones romanas le impresionaran hondamente (Ef. 2:19; Fil. 3:20) y que se hubiera instruido en las leyes.

Enseñanzas que recibió Pablo

Sus raíces farisaicas y romanas: en Pablo influyó el judaísmo (Fil. 3:5-6). No solo se atestigua la pureza de su linaje, sino también su crianza en el conocimiento del Antiguo Testamento y en un hogar de habla aramea (Hch. 22:2). Se jacta de las estrictas normas de su vida farisaica y de su fidelidad a la ley.

Su amor por ser judío, aun después de ser cristiano, se ve en Romanos (1:5 y 10:1).

Según la costumbre judía, debió de recibir enseñanza en la «casa de interpretación» a los quince años de edad, para que le instruyeran los escribas. Su maestro fue Gamaliel, hombre piadoso, pacífico y franco, con quien estudió a fondo el Antiguo Testamento, el griego y el hebreo.

Conversión de Pablo

A pesar de la esmerada preparación cultural y religiosa de que Dios había provisto a Pablo, le faltaba todavía la experiencia transformadora que haría de él un discípulo dedicado y apóstol fiel a Jesucristo.

La conversión de Pablo se narra en Hechos 9:1-19; 22:5-16 y 26:12-20. Pablo mismo comenta su conversión varias veces en las epístolas: camino a Damasco, en persecución de los creyentes, cuando Jesús le apareció (Hch. 9:1; 1 Co. 15:8).

Es probable que para la conversión de Pablo hubiera antecedentes que le prepararon para llegar al conocimiento de Jesús. Posiblemente sus parientes cristianos (Ro. 16:7) le testificaron de Cristo; también el martirio de Esteban pudo haberle causado honda impresión (Hch. 7; 8:1), y sin duda alguna el impacto que efectuó en su vida el valor de la palabra de Dios.

Al momento de su conversión se rindió a Cristo instantánea y completamente; se puede ver en su pregunta: «Señor, ¿qué quieres que yo haga?» (Hch. 9:6). A partir de ese momento su corazón se iluminó y, aunque físicamente quedó ciego por un tiempo, lo guiaron a Damasco; dejó en el camino su orgullo y su odio.

Su conversión al evangelio fue una prueba contundente de la veracidad del mensaje cristiano. Sus enseñanzas han contribuido grandemente a la formación del pensamiento cristiano.

Ministerio de Pablo

Fundó iglesias en Asia Menor, Macedonia y Grecia durante tres viajes misioneros. Trabajó ministrando en Roma y posiblemente viajó hasta España predicando el evangelio.

Escribió trece epístolas del Nuevo Testamento, las cuales se clasifican en cuatro grupos:

  1. Primera y Segunda de Tesalonicenses, escritas en su segundo viaje misionero, desde Corinto.
  2. Primera y Segunda de Corintios, Gálatas y Romanos, escritas en su tercer viaje.
  3. Efesios, Colosenses, Filemón y Filipenses, llamadas epístolas de la prisión, escritas durante el primer encarcelamiento en Roma.
  4. Primera y Segunda de Timoteo y Tito, llamadas pastorales: la primera y la última escritas después de ser liberado de la primera prisión, y Segunda de Timoteo, escrita poco antes de su muerte en la segunda prisión romana.

Reflexiones finales sobre el apóstol Pablo

El estudio del apóstol Pablo nos muestra cómo Dios prepara a sus siervos de maneras que no siempre comprendemos en el momento. Pablo reunió en su persona lo mejor de dos mundos: la cultura griega y romana, con su amor por la verdad y la investigación, y la formación judía de sus padres, con su conocimiento profundo del Antiguo Testamento. Esa preparación, sin embargo, no era suficiente por sí sola: le faltaba la experiencia transformadora del encuentro con Cristo en el camino a Damasco.

Su conversión, instantánea, total, pública, fue la prueba contundente de la veracidad del evangelio, y de ella nació un ministerio que fundó iglesias en tres continentes y escribió trece epístolas que siguen formando el pensamiento cristiano hasta hoy. La vida de Pablo nos recuerda que la formación prepara, pero es la transformación la que capacita para servir; y que un encuentro real con Jesús cambia no solo el rumbo de una vida, sino el de la historia.

El siguiente paso es concreto: vuelve a leer uno de los pasajes de su conversión, Hechos 9:1-19, y pregúntate: ¿qué formación está usando Dios en mi vida, y qué transformación sigue esperando de mí?

Y cuéntame: ¿qué enseñanza de la vida del apóstol Pablo te ha marcado más? Comparte tu respuesta en los comentarios.

Fuentes

Nelson, Wilton M. y Rojas Mayo, Juan. Nuevo diccionario ilustrado de la Biblia. Editorial Caribe, 1998.

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