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Joven líder conversando con su equipo de voluntarios alrededor de una mesa en una reunión de ministerio

Palabras sobre el liderazgo en la práctica

Hay muchas definiciones de liderazgo, pero pocas que se lleven a la práctica. Te comparto una reflexión sobre qué es el liderazgo cristiano, qué no es, y tres preguntas para definir el tuyo.

Miguel Euraque

Miguel Euraque

17/06/2009
5 min

Sobre liderazgo se escriben libros enteros, se dictan conferencias y se llenan estanterías. Y sin embargo, cuando un joven líder se sienta frente a ti y te pregunta, con honestidad, «¿qué es realmente liderar?», las definiciones de moda se quedan cortas. Las palabras sobran; lo que falta son definiciones que se puedan practicar el lunes por la mañana.

Este artículo nace de un recurso que encontré hace años y que sigo recomendando: un video del Dr. Jorge A. Ponce en el que se comparten algunas palabras sobre lo que es el liderazgo. Es un material excelente, no solo para verlo tú, sino para compartirlo con tus jóvenes líderes. Y al pensar en ese video, me di cuenta de que el tema merecía algo más que una recomendación: merecía una reflexión propia. El liderazgo cristiano no se define por el cargo que ocupas, sino por lo que haces con lo que se te confía. En este artículo quiero compartirte esa reflexión.

Tabla de contenidos

Muchas palabras, pocas definiciones que se practican

El liderazgo sufre de un exceso de literatura y un déficit de práctica. Tenemos definiciones para todos los gustos: liderazgo es influencia, es visión, es servir, es empujar, es inspirar. Cada una tiene algo de verdad, y cada una se queda corta si se queda en la frase bonita.

El problema aparece cuando esas definiciones no bajan a la vida concreta. Un joven puede repetir de memoria que «el líder es el que sirve» y, sin embargo, tratar a los voluntarios de su grupo como empleados. Las palabras sobre liderazgo valen en la medida en que cambian una decisión, una conversación o una manera de tratar a las personas.

Qué no es liderazgo

Antes de definir lo que es, ayuda despejar el terreno. Liderar no es tener un título. Conozco grupos donde el cargo de líder existe desde hace años y el liderazgo brilla por su ausencia; y conozco personas sin cargo alguno que son las que de verdad mueven al grupo.

Liderar tampoco es ser el más extrovertido, ni el que más habla, ni el que mejor se vende. Esas cualidades pueden acompañar al liderazgo, pero no lo constituyen. Y liderar no es tampoco tener todas las respuestas: el líder que finge certeza absoluta termina cercando el diálogo y ahogando el aporte de los demás.

Lo que sí es liderazgo es otra cosa: es que otros confíen en ti lo suficiente como para seguirte, y que esa confianza se use para el bien del grupo y de la misión, no para el beneficio propio.

Lo que la Biblia muestra sobre liderar

La Biblia no ofrece un manual de liderazgo con pasos numerados, pero sí muestra un patrón consistente. El líder en las Escrituras es, sobre todo, alguien que cuida lo que se le confió: personas, recursos, una misión. Se le pide fidelidad, no brillo; constancia, no espectáculo.

El modelo más claro lo vemos en Jesús mismo, que no enseñó el liderazgo como una escalera para subir, sino como una toalla para servir. Cuando sus discípulos discutían sobre quién era el mayor, la respuesta no fue una teoría de jerarquías, sino la práctica del servicio: el que quiera ser grande, que se haga servidor.

Esto no quiere decir que el liderazgo cristiano sea pasivo. Servir no es dejarse llevar; al contrario, exige iniciativa, decisión y valentía. Pero la dirección de esa energía es distinta: el líder bíblico gana autoridad sirviendo, no exigiéndola. Y esa es una definición que se puede practicar en la próxima reunión de tu grupo.

Un video para compartir con tu equipo

Volviendo al recurso del que hablaba al inicio: el video del Dr. Jorge A. Ponce sobre liderazgo es de esos materiales que funcionan bien en grupo. Es breve, directo y da qué pensar, lo que lo convierte en un excelente punto de partida para una conversación con tus jóvenes líderes.

La forma de usarlo es simple: lo ven juntos, y después se sientan a responder dos preguntas: ¿qué palabras del video nos desafían?, y ¿qué vamos a hacer distinto esta semana a partir de ellas? Así un recurso que se ve en diez minutos se convierte en una práctica que dura semanas. Esa es la diferencia entre consumir contenido sobre liderazgo y formarse como líder.

Tres preguntas para definir tu liderazgo

Si quieres llevar esta reflexión a tu propia vida, te propongo tres preguntas que valen más que cualquier definición ajena:

  1. ¿Qué se te ha confiado hoy? No en el futuro, no en el cargo que soñaste: hoy. Pueden ser cinco jóvenes, un aula, una familia, un talento. El liderazgo empieza por reconocer esa custodia.
  2. ¿Cómo tratas a las personas que dependen de ti? La prueba del liderazgo no está en lo que dices de tu equipo, sino en lo que tu equipo diría de ti en tu ausencia.
  3. ¿Para quién lideras? Si la respuesta es solo «para mí», el liderazgo se vuelve una escalera. Si es para el bien de otros y para la gloria de Dios, se vuelve un servicio que vale la pena.

La definición que se practica

Al final, la mejor definición de liderazgo no es la más citada, sino la que se practica. Las palabras sobre liderazgo abundan; lo raro es encontrarse con alguien que las vive, y eso, precisamente, es lo que el mundo y la iglesia necesitan: menos oradores del tema y más servidores fieles.

Te animo a hacer dos cosas esta semana: ver el video del Dr. Ponce, solo o con tu equipo, y responder en serio las tres preguntas de arriba. Y después, a llevar una de esas respuestas a la próxima reunión con tus jóvenes. No hace falta más.

¿Qué definición de liderazgo te ha marcado a ti? Cuéntamelo en los comentarios; las mejores lecciones sobre este tema casi siempre vienen de experiencias reales.

Temas:#liderazgo#liderazgo-juvenil#ministerio-juvenil#reflexion#servicio

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