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Libro de John C. Maxwell sobre desarrollo del liderazgo con la idea de hacer realidad los sueños

Sé todo lo que puedas ser: doce ejercicios diarios

John C. Maxwell propone doce ejercicios diarios para hacer realidad un sueño. Te los presento con una mirada aplicada al liderazgo cristiano: examinar tu vida, pagar el precio, sostener la actitud y subir junto a otros.

Miguel Euraque

Miguel Euraque

14/07/2008
7 min

Casi todos los líderes tienen un sueño guardado, y casi todos lo tienen en el mismo lugar: en la lista de cosas que algún día harán. No es un sueño pequeño; es impreciso. Se sabe qué se quiere, pero no se sabe por dónde empezar, y esa imprecisión es lo que lo mantiene en pausa durante años.

John C. Maxwell, escritor y referente mundial en liderazgo, dedicó varias páginas de su libro Sé todo lo que puedas ser a este problema, y su respuesta no es una teoría sino un método: una docena de ejercicios concretos que ayudan a hacer realidad un sueño. En este artículo quiero compartirte esa docena con una mirada aplicada al liderazgo cristiano, porque el líder que sirve con un sueño claro sirve mejor que el que se mueve solo por urgencias.

Tabla de contenidos

La docena que propone Maxwell

La idea central del autor es simple: los sueños no se cumplen por inspiración, se cumplen por ejercicios repetidos. En las páginas 70 a 72 de Sé todo lo que puedas ser presenta una lista que él llama “una docena por día”, doce acciones que acercan a una persona a su sueño de forma deliberada.

No son doce cualidades abstractas que debas admirar: son doce cosas que puedes hacer, hoy y esta semana. Por eso funcionan mejor si se leen como un plan de trabajo que como un texto de motivación. Las he agrupado en cuatro bloques para que sea más fácil verlas, pero la numeración es la del autor.

El punto de partida: examinar, elegir, rodearte bien

1. Examina tu vida tal como está en este momento. El primer paso para hacer realidad un sueño es descubrir dónde estás ahora. No se puede trazar una ruta sin saber el punto de partida: qué haces con tu tiempo, qué ocupa tu energía, qué hábitos te acercan a tu sueño y cuáles te alejan. Este examen pide honestidad, porque es fácil engañarse sobre la propia situación.

2. Cambia tus pequeñas opciones por un sueño grande. Todo sueño tiene su precio, y el precio se paga en decisiones cotidianas: una hora de sueño menos, una tarde de estudio en lugar de una de distracción, una conversación incómoda en lugar de un silencio cómodo. Las opciones pequeñas, repetidas, son las que construyen o destruyen los sueños grandes.

3. Ponte en contacto con personas que ya lo lograron. Quien ya recorrió un camino parecido puede ahorrarte años de errores. No se trata de buscar famosos, sino de encontrar personas que vivan el sueño que tú quieres vivir, y aprender de su experiencia. El dicho popular lo resume bien: los que se juntan con águilas aprenden a volar más alto.

El sueño bajo presión: expresarlo, esperar oposición, pagar el precio

4. Expresa tu fe en tus sueños. Un sueño que nunca se dice en voz alta se queda en el terreno de la fantasía. Escríbelo, compártelo con personas de confianza, ponlo donde puedas verlo. Nombrar el sueño lo hace concreto y te compromete con él de una manera que el pensamiento silencioso no logra.

5. Ten en cuenta que habrá oposición. Quien no tiene un sueño propio suele oponerse al ajeno, y conviene saberlo de antemano para no desanimarse. La oposición puede venir disfrazada de consejos prudentes, de críticas, incluso de burla. No es señal de que el sueño esté mal: a veces es señal de que va en serio.

6. Haz tu mayor esfuerzo, pon toda tu energía. Llegado el momento, hay que pagar el precio: trabajar cuando otros descansan, insistir cuando otros se retiran. No hay atajos honestos para los sueños que valen la pena, y la energía puesta con constancia es la moneda con la que se compran.

La actitud que sostiene el camino

7. Extrae todo principio positivo que puedas de la vida. Se trata de estar en búsqueda constante de lo que hace crecer tu sueño: de cada libro, de cada conversación, de cada experiencia, incluso de las difíciles. Quien aprende de todo avanza más rápido que quien espera a que le enseñen.

8. Cuida tu círculo íntimo. Si tienes personas que piensan en negativo cerca, y casi todos tenemos alguna, su influencia constante termina pesando. No se trata de cortar relaciones, sino de decidir quién ocupa tu círculo más cercano: el de las personas a las que confías tus proyectos y tus luchas. Ese espacio es demasiado importante como para entregarlo por costumbre.

9. Excede las expectativas normales. Los sueños no se alcanzan usando la cantidad habitual de energía. Quien se conforma con lo normal obtiene resultados normales; quien decide hacer un poco más de lo que se espera abre puertas que la mediocridad nunca ve.

10. Demuestra confianza. La forma en que actuamos exteriormente influye en lo que somos interiormente. Si esperas sentirte seguro para actuar con seguridad, esperarás mucho; pero si actúas con confianza aunque no la sientas del todo, la convicción interna termina alcanzando a la actitud externa.

El sueño no es individual

11. Explora todas las rutas posibles. No permitas que un desvío o un callejón sin salida te detenga. Si una puerta se cierra, la pregunta correcta no es “¿por qué me pasó esto?”, sino “¿qué otra ruta existe hacia el mismo sueño?”. La perseverancia inteligente es flexible en los caminos y firme en el destino.

12. Extiende una mano de ayuda a alguien con un sueño similar. Esta es quizá la más contracultural de la docena: en lugar de ver al que persigue algo parecido como competencia, ayúdalo. Cuando dos personas suben juntas, ambas llegan más alto y más rápido. Además, enseñar lo que sabes te obliga a organizarlo mejor, y el éxito compartido es más estable que el solitario.

Cómo aplicar la docena al liderazgo cristiano

Estos ejercicios no necesitan traducirse al lenguaje cristiano: ya hablan el idioma del liderazgo que sirve. Pero vale la pena subrayar tres conexiones que el líder de jóvenes, el maestro y el pastor pueden aprovechar.

La primera: para el creyente, el sueño no es una ambición personal suelta, sino parte de una vocación que Dios ha puesto en su vida. Examinar tu vida (ejercicio 1) es también discernir, y rodearse de personas que ya viven el sueño (ejercicio 3) es buscar mentores con sabiduría espiritual, no solo éxito profesional.

La segunda: la oposición (ejercicio 5) no debe sorprender al que sirve. Todo ministerio que ha valido la pena ha enfrentado resistencia, y esperarla de antemano evita que te desanime la primera crítica.

La tercera: el ejercicio 12 tiene nombre en la vida cristiana: discipulado. Ayudar a alguien que tiene un sueño parecido al tuyo, caminar juntos, compartir lo aprendido, es exactamente la lógica del Reino, donde nadie sube solo.

Doce ejercicios, un solo sueño: empieza hoy

Lo que Maxwell ofrece no es inspiración para una tarde, sino un plan para los próximos meses. Si leíste hasta aquí, el ejercicio número uno ya está a tu alcance: tómate esta semana para examinar tu vida con honestidad y escribe tu sueño en una frase concreta. Ese solo gesto separa a quien sueña de quien hace algo con su sueño.

Y recuerda el doce: elige a alguien con un sueño parecido al tuyo y ofrécele tu ayuda. Subir juntos no solo hace el camino más ligero; lo hace más fiel al propósito para el que fuiste llamado. ¿Cuál de los doce ejercicios te cuesta más? Cuéntamelo en los comentarios, y si este artículo te sirvió, compártelo con otro líder que tenga un sueño en espera.

Temas:#john-maxwell#liderazgo#suenos#vision#desarrollo-personal#discipulado

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